Gusy-miau.
Pssssshhhhhhhhhhh, mira qué tengo, abuela. A ver... ¡Dios Santo! ¡Es un gato muerto! No, abuela no, mira es de peluche. Aiiiii, qué tonta estoy yo ya, pues pensaba que estaba muerto. Tranquila que a mí y al Apestoso también nos engañó. Todo empezó un día que paseando por donde suelo pasear, llegué ante un escaparate y vi a un fantabuloso minino durmiendo. Estuve un rato mirando, porque dudaba si era real o no y la falta de movimientos respiratorios, me hizo llegar al a conclusión de que no era de carne y hueso. Tiempo después, vino el Apestoso y en uno de nuestros paseos, nos encontramos en frente del escaparate maldito y evidentemente, se fijó en la bolita. Dudaba si estaba vivo o no hasta que le confirmé las sospechas, pero al ver mi cara ante el bichillo se le metió entre ceja y ceja conseguirlo. Le convencí de lo contrario. Llevo una semana de perros, durmiendo mal y mu...