Y cuando llego a casa...
Cuando llego a casa no hay un nescafé capuchino ni mierdas por el estilo, sino que me encuentro con estas tres encantadoras cosas peludas: Cuando llego a casa cualquier de ese par de chaladas, está esperándome, una en la puerta trasera (la gata) y la otra enganchada desesperada en los barrotes de la jaula (la xinxilla). Tanto a una como a la otra las cojo, las hago 'rabiar' (cariñosamente, malpensados) y finalmente, les dedico un rato de mi tiempo libre (aquél que se dice 'tiempo para mí') disfrutando de sus tonterías, de sus jueguecitos y sobre todo saciando todos los deseos de mimos con los que las he malacostumbrado. x'D Un día de estos, mi madre me encontrará ronroneando y durmiendo en la cama con este par (si consigo que no jueguen todo el rato al gato y al ratón, donde a veces la gata es el ratón o la xinxilla, todo depende de quién ha empezado a seguir a quién). Si eso no fuera poco, al acabar el día aparece ...