30.7.06

Plataformarol - Escribe tu historia.

Leído: El tercer Ojo, p.253 (T. Lobsang Rampa).
Leyendo: El médico del Tíbet, p.36 (T. Lobsang Rampa).

Escribe tu historia.
Escribe tu historia.
Escribe tu historia.
Escribe tu historia.
Escribe tu historia.

Me habían mandado esta faena: escribe tu historia. Es fácil decirlo, pero es bastante más complicado hacerlo.... ¿Cómo vas a escribir tu historia si no recuerdas parte de ella? Sí, típico de oír, pero para aquellos que lo sufren, es algo nada agradable. Porque una historia ha de tener un inicio, un nudo y un desenlace, pero si no conoces el inicio te ves obligada a empezar en medio del embrollo y ya no es una historia normal. ¿Quién desea ser normal? Yo, así tal vez podría dejar de huir de la sociedad.

No recuerdo cómo llegué, la verdad dudo qué pasó: un golpe, un accidente, un trauma o tal vez una bruja chalada que decidió limpiar todos los recovecos de mi memoria. Han probado miles de técnicas, pero no hay manera y ya me he acostumbrado. Al abrir los ojos, las cosas eran extrañas y no sabía para qué funcionaban, no conocía qué nivel de fuerza tenía ni tampoco los poderes que había ido adquiriendo a través del tiempo, en el pasado. Lo había perdido todo, y me encontraba como un bebé que curiosamente sabe caminar, pero que le cuesta porque no entiende lo que está haciendo.

Mis primeras imágenes fueron al intentar levantarme para ver algo, porque tumbada no podía observar, se quedaron bien marcadas en mi memoria. Entonces no lo sabía, no entendía nada pero observé que había una mujer destrozada, tenía miles de heridas, algunas parecían ser de armas mientras que otras eran desgarros de animales (o lo que representa que son animales...). Cerca, un grupo de personas esperaban que me despertara, y conociendo la mente humana, para hacerme sufrir muchísimo. Una sensación muy desagradable me invadió, ahora sé que a eso se le llama miedo... No rompí a llorar, aún no sabía cómo se hacía, simplemente huí como buenamente podía. Mi musculatura es mejor que la humana y sobre todo muchísimo más eficaz. Y escapé.

La vida en el bosque inicial estuvo llena de sustos, podría extenderme en ello pero provocaría demasiadas risas dejando aún más en evidencia mi persona. En realidad, aprendí a trancas y barrancas y cayendo más de una vez enferma, todas las funciones básicas y necesarias, de cualquier ser viviente, pero no su por qué. Hubo un día, en el que por desgracia (o por suerte) caí (inocente de mí) en una horrible trampa de animales. Sabiendo lo que sé ahora, podría haberme librado de ella, pero entonces el miedo me atemorizó tanto que por mucho tirara sólo me hacía más daño hasta que acabé sollozando del terror que sentía. Apareció el propietario de la trampa y al verme, su expresión se transformó en algo... asqueroso, no sé cuáles eran sus intenciones pero puedo sospecharlas, y doy gracias a la buena suerte lo que sucedió a continuación. Por allí paseaba un grupo de monjes que debieron verme antes o después que aquél hombre, sinceramente, no sé por qué decidieron que debían protegerme: por evitar que esa maldita persona me hiciera lo que tenía pensado o tal vez porque querían estudiarme de más cerca...

La iglesia era (y es) poderosa y prácticamente nadie que fuera humano la retaría. Menos mal que ese hombre era un creyente ferviente, su único pecado era estar demasiado solo después de morírsele la mujer pocos días después de casarse. Ninguna otra había querido compartir lecho con ese bruto y aún menos en una zona geográfica tan problemática como aquella: era el guardián del bosque, en el sentido de evitar que los "monstruos" lo traspasaran y atacaran a la población. Solían ser personas temiblemente peligrosas, brutales y con pocos escrúpulos hacia los de nuestra clase...

Uno de ellos, lo recuerdo por sus ojos oscuros, que parecían que te penetraran, se me acercó para ofrecerme la mano. Yo no sabía que quería, estaba temblando muy asustada, observé cómo se iba acercando la mano con precaución (temían una reacción violenta por mi parte) hasta que rozó con la mía. De un salto, intenté huir, ¡je! ¡qué gracia me hace todo esto ahora! Yo huyendo de unos simples monjes. La herida provocada por la trampa que me tenía atrapada empeoró y con ello mi desesperación. Se acercaron un par más, que ayudaron al primero a desatarme, para entonces ya había agotado las energías y dejé que hicieran.

¿He hablado de esa maldita trampa? La llaman trampa de animales porque nos consideran como tales, pero es mucho más elaborada. De la forma en que me atrapó (agarrándome las muñecas) era fácil de escapar.. para alguien que sabe, evidentemente. Yo tenía las muñecas sangrantes cuando me llevaron a un edificio que había más allá, también en el linde del bosque. Me dejaron en una celda y más tarde me ofrecieron algo de comer y de beber, supongo que había algo más en la comida pues me quedé dormida y cuando desperté descubrí unos trapos muy raros tapándome las heridas, ahora sé que son vendas. Cuando los intenté quitar, me dieron un bastonazo en la mano, volvía a ser aquel hombre de ojos oscuros. Dijo algo que a mí me sonó muy raro y me ofreció un papel y algo para escribir, le miré con cara de interrogante e intenté escapar de ahí. Fallé.

Estuve atrapada en ese lugar durante mucho tiempo. Pronto descubrieron que no sabía hablar ni escribir y lo primero que hicieron fue enseñar a comunicarme con los demás. Una tarea ardua y cansina pero que al final obtuvo buenos resultados. Conforme iba evolucionando en el habla, me mostraron el mundo de la escritura que me apasionó, les hacía gracia que intentara leer sus antiguos manuscritos sin lograr entender que decía. La desesperación y la rabia que sentía al no poder leerlo, les arrancaba una sonrisa, deseosos de que al final lograra devorarlos... ¡Y tanto que los devoré, pero antes se los robé todos! Bueno, no me quiero adelantar.

Fui adquiriendo conocimientos de manera progresiva y cada vez de forma más rápida, es como si la mente recordara sin recordar. Estaba adaptada a esos conocimientos, simplemente se los habían robado y estaba dispuesta y preparada a recobrarlos. Todo iba bien, pero sólo fallaba algo: mi nombre, ellos no tenían derecho a elegir un nombre para mí (conocían las tradiciones, y las temían) y yo no me decantaba por ninguno, así que un día se lanzaron a probar con la hipnosis. Según ellos, nos meten muy adentro el nombre y tal vez gracias a eso no lo hubiera perdido. De la sesión salió un nombre, costó mucho arrancarlo pero apareció, si es el mío o es otra cosa, no lo sé: Zuviëh.

Ya todo iba sobre ruedas, ya tenía nombre y progresivamente iba aprendiendo de todo un poco, siempre que lograban arrancarme de la biblioteca donde era capaz hasta de dormir a ver si por algún tipo de poder mágicos me llegaban más conocimientos. Para mí era todo como un juego, y disfrutaba como si fuera una niña pequeña, en las prácticas de autodefensa era temerosa y tenían que ponerme todo en mi contra para poderse mantener a mi nivel. Cuando era hora de aprender a cocinar (por ejemplo) acababa de arriba abajo pringada de comida y riéndome porque debía estar horrorosa. Si al inicio estas personas querían estudiarme, al final debieron cogerme cariño y simplemente me educaron.

Todo era divertido y bastante entretenido, pero también me gustaba escaparme y robar de vez en cuando algún libro de la biblioteca, para devolverlo más tarde previa bronca del bibliotecario. Mi carita angelical no servía de nada, bueno, tal vez para que al final acabara sonriendo y con un suave cachete en la cara me mandara a estudiar a otro lado mientras sonreía, pensando en los quebraderos de cabeza que ya le había provocado este bicho alocado (como me llamaba él). Poco a poco me daba cuenta que ya pronto debería abandonar ese lugar tan agradable para seguir hacia delante, pero antes tenía planeada una y buena: robar la biblioteca entera.

La idea fue surgiendo poco a poco. En mis diferentes incursiones en los territorios anexos a ese edificio, descubrí un grupo de cuevas no demasiado alejadas, pero sí lo suficientemente complicadas de acceder, para que ellos fueran incapaz de descubrirlas. Preparé todo el material y empecé a estudiar todos los pasos, entrenando una y otra vez todo el recorrido. Una vez todo listo, realicé el golpe mortal como ladrona experta y los llevé todos (y bien que me costó) al lugar que ya había preparado. En realidad no robé todos los libros, simplemente los que consideré que eran importantes, como sabía que al final me atraparían y me los harían devolver, decidí ponerme a trabajar lo antes posible, mi misión: hacer una copia de cada uno de los libros sustraídos. Fue un trabajo costoso y los primeros realmente quedaron bien feos (hoy aún me río de esas atrocidades), pero progresivamente fui siendo más rápida y mejorando la técnica.

De vez en cuando iba pasando por aquel edificio y descubrí que los monjes estaban muy defraudados, la verdad supe muchas cosa, sobre todo características de mi raza aunque jamás dijeron su nombre. Les molestaba mucho mi última trastada, algunos estaban tristes, creían que yo podría haber sido diferente y no comportarme como una simple ladrona. Sentí lástima y yo también me puse triste, así que volví a trabajar con más ahínco para lograr terminar lo antes posible. Una vez terminada la faena, salí corriendo a devolverlos, no sabía que para entonces hacían guardia todo el día, sabían que podía entrar y salir sin ser vista, evidentemente me pillaron devolviendo los libros...

Y ahí estaba el bibliotecario con cara de sorpresa cuando descubrió que los libros sustraídos, estaban intactos y yo, dejándolos. Sonrojada y avergonzada, confesé que quería copiarlos, sonrió, me dio un cachete en la cara y me dijo que fuera a vivir la vida. Me dio las gracias por cuidarlos bien. Mi cara angelical se transformó en una inmensa sonrisa mientras saltaba por la ventana que estaba a cuatro hombres de altura del suelo, una vez arriba volví a mirarle los ojos y me fui. Nunca le olvidaré, era el hombre de los ojos oscuros.

Desde entonces, robo muchos libros para copiarlos y añadirlos a mi mega-colección de libros, es fantástica y toda escrita a mi puño y letra. Me toman por una ladrona y eso me acarrea muchos problemas, aunque yo sólo tomo prestados sus volúmenes. El papel y la tinta.. bueno.. ¡son para una buena causa! Seguro que eso es malo. Tal vez algún día descubra a quién pertenezco y cuál es mi pasado, pero de mientras, mi única misión en la vida es descubrir, leer, copiar y devorar varias veces, libros nuevos que aún no han pasado por mis manos.

Saludos.

Recordad: Morded o Seréis Mordidos

    # Escuchando...  Iced Earth; Hold All Costs.

1 mordisco:

Apestoso dijo...

Parece ser que no ha tenido mucho exito tu nueva retoña gatuna...
iletrados xD

  

  

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